https://youtu.be/sebc-cLEq7U
Raul CHuliver, compositor y folklorista, interpreta instrumetnalmente la obra de Julio Argentino Jerez, CHACARERA DE MIS PAGOS. " fue compuesta por el santiagueño Julio Argentino Jerez, reconocido músico y poeta del folklore argentino, aproximadamente en 1942 . Es una de las tantas creaciones de Jerez que evocan la melancolía y el paisaje de Santiago del Estero. El 1/6/2024, CHuliver realizó una transcripción para guitarra.
Julio Argentino Jerez nació en Cuyoj, departamento Banda, el 23 de julio de 1900. A los 8 años, sus padres lo enviaron a la Escuela Amadeo Jacques, donde cursó todo su nivel primario. Se dedicó por algún tiempo a la carpintería y trabajó en el ferrocarril, pero era la música aquello que él tanto amaba. Nunca pudo librarse de esta pasión, por lo que decidió formar un dúo con su amigo Paciente Paz. En 1921, viaja junto a Andrés Chazarreta a Buenos Aires con sus conjuntos de danza, música y canto. Plasma con puño y sangre esa famosa chacarera doble que tanto lo identifica, donde refleja su melancolía para con Santiago y su querer descansar en estas, sus tierras natales: “Añoranzas”. Su nostalgia necesitaba también otros elementos más nutritivos para el espíritu. Y ése fue el lugar de la canción, y por eso el tradicional molde musical de las chacareras con que impregnó en sus coplas el sentimiento de la tierra distante.
Allí, en Buenos Aires, se quedó entonces hasta alejarse de nosotros en cuerpo un 21 de septiembre de 1954, pero dejando una parte de su alma en cada una de las personas que tuvimos el agrado de escuchar su poesía. El homenaje del pueblo bandeño, que comenzó con su obra más conocida, se concretó al nombrar Julio A. Jerez a una calle y hacer un busto en su honor.
Esta chacarera interpretada por varios conjuntos y solistas. La canción es un homenaje a la música folclórica tradicional, la chacarera, que es un género musical y danza típicos de esta región.
El tema central de la canción es la conexión emocional y cultural con la tierra santiagueña.Se expresa el amor por las costumbres y la vestimenta tradicional, como la "bota i' potro" y el "chiripá de merino", que son símbolos de la identidad regional. Además, la canción destaca la importancia de la música como un estandarte de la tradición, un medio para transmitir y preservar la cultura de generación en generación.
La letra también aborda el poder del amor y el cariño, que pueden influir profundamente en el comportamiento de una persona, haciéndola más generosa y sensible. Este aspecto emocional se entrelaza con la celebración de la vida y las experiencias compartidas, como se refleja en la invitación a compartir un vaso de vino con un amigo. La canción, por tanto, no solo es un tributo a la tradición, al folklore, sino también un reflejo de las relaciones humanas y la camaradería que se encuentran en el corazón de la cultura santiagueña.